lunes, 23 de febrero de 2015

El Calienta-Bragas. Parte I

Era la nueva temporada en el curro de verano, él llegó como fruta fresca a trabajar en un puesto al lado del mío y todos los días hablábamos un poco, bromeábamos y tonteábamos, yo iba a saco, él me seguía el rollo y se dejaba seducir, a mí me poseía la rabalera que llevo dentro y le soltaba una sarta de comentarios que harían sonrojar al mismísimo Marqués de Sade.

Aquel chico me ponía mucho, muchísimo. Era un niñato, eso se le veía a lenguas, era el típico jipi-modernillo que viajaba por Asia y Sudamérica en busca de cocoteros mientras tocaba el didgeridoo. Era bastante guapo; moreno, con una media melena hasta los hombros, unas pocas rastas colgando entre los mechones de su pelo, una tobillera de macramé y un cuerpazo esculpido a base de yoga, comida sana y equilibrismos varios. Era todo lo que un alma aventurera podría desear. Además tenía una bonita sonrisa y los ojos se le achinaban graciosamente cuando reía a carcajadas. Recuerdo que ya lo fiché nada más verlo; estaba yo en el césped del parque con mis amigos los jipis a los que yo llamaba cariñosamente “la banda trapera del lago” y él era el recién llegado, en un momento dado se puso a hacer volteretas y en una de esas su camiseta se bajó y dejó entrever aquel cuerpazo serrano. Iba marcadito el niño, iba provocando. Para completar el pack del perroflaútico, era fumeta, le molaba el rap, el reggae, el drum & bass y llevaba gorra para atrás. Aunque su estilo de “rey del flow” me daba un poco de grima, definitivamente concreté que este niñato me ponía más que el peyote. Pero tenía un problema. Era gilipollas, pero gilipollas-gilipollas. Iba de free soul pero si podía te la intentaba colar con un rollo de chulo-bohemio que ni él se aguantaba, pero a mí me parecía gracioso, que se le va a hacer...



Al trabajar con él codo con codo, tenía la gran suerte de verlo todos los días. El mono de vendedor le apretaba el culito y aquellas posaderas parecían una manzana madura a la que daban ganas de pegarle un buen bocado. En las idas y venidas a lo largo del día me cercioraba de que nuestros caminos se cruzasen, yo atacaba a la yugular, sin miramiento, sacando toda la artillería pesada, haciéndole la pesca y arrastre, follándomelo en cada frase, violándolo con la mirada... él me seguía las coñas y se partía la caja con mis ocurrencias (no era para menos, estaba yo en plan “festival del humor”), yo le alegraba los oídos y él a mí la vista. Era un toma y daca. Pero para mí no era suficiente, yo quería más, más, ¡MÁS! quería ver como esas posaderas me cabalgaban como una jamelga mientras yo las agarraba con ambas manos.

Por fin se presentó la oportunidad de recoger los frutos de tanta siembra y esfuerzo que me había costado tal placaje de cortejo. En una fiesta a la que fuimos toda la cuadrilla a pasarlo guay, todos muy ebrios, desde el primer momento él y yo estábamos enganchados el uno con el otro soltando chorradas y gilipolleces varias. Yo me inventaba las mil y una ocurrencias para llevármelo a la cama ya no sabía que más decirle para follármelo, le había dicho de todo en todos los idiomas posibles, estaba sacando ya los tanques y bombardeando con cazas ¿qué coño más le tenía que decir para tirármelo? A veces yo me piraba pasando de su cara porque no veía resultados a tanto gasto de saliva e insinuaciones y era entonces cuando él venía a por más y juguetón me tocaba la barbilla mientras me decía que tenía más peligro que una caja de bombas (dime algo que no sepa, moreno). Acabando ya la noche pensaba que lo tenía a punto de caramelo y el muy hijo de la grandísima puta me dio calabazas con una excusa barata. Lo hubiera matado. Toda la noche calentándome las bragas para dejarme ir a pajeárme sola a casa. ¿De qué coño iba?

Pero lo que él no sabía era que, además, me había jodido por partida doble. Resulta que trabajar en ese sitio la temporada de verano era muy fructífero, y cada cierto tiempo también se pasaba por mi puesto un italiano de enormes ojos azules y calvo como una bombilla, que casualmente era el hermano mayor del Efebo Egipcio (juro que todos los hermanos de esa familia están para violarlos todos) con el que tonteaba a veces también y al que le comenté el garito donde íbamos a ir todos después del trabajo. Así que el italiano se presentó esa misma noche buscando carnaza, pero como yo creía tenerlo hecho con el “calienta-bragas” (tonta de mi) pues no le di ni bola al espagueti y acabó comiéndose la boca con otra tía (italiana también, muy maja por cierto)

Así que de tener a dos posibles machos para la cópula me quedé en cero patatero. Eso me pasa por avariciosa.

Para joderme más la marrana (y hacer triplete de desgracias) el fin de semana siguiente encontré al Calienta-Bragas comiéndole la boca a la tía que más aborrecía por aquella época. La Come-Babas. Mira que no me suele caer mal casi nadie, pero es que a esa pava no la tragaba. Joder. ¿No habían más mujeres por los alrededores que tenía que liarse con mi archienemiga? La Come-Babas era una pava que ya me la había jugado un par de veces, tenía los mismos gustos que yo para los hombres, la muy zorra, y también tenía la manía de comerse mis babas; le tiraba cacho a quien a mí me gustaba, se trincaba al que yo le había puesto el ojo (y el coño) encima. Ese era su deporte, no sé qué cojones le pasaba conmigo a esa tía. Así que podéis imaginaros mi reacción cuando vi al objeto de mis más profundas corridas en los morros de una tiparraca como esa. Fue como una patada en el coño.

Salí con cara de asco-pena del garito y me juré no volver a acercarme a semejante bicho que me chuleaba y luego se iba con la zarrapastrosa de la loca aquella. El calienta-coños se había acabado para mí. Al menos en apariencia. Porque no podía evitar desearlo y odiarlo en secreto.




viernes, 6 de febrero de 2015

Follar en sitios raros III: Catacumbas


Era veranito y estaba de viaje con mi pareja en una isla del mediterráneo, íbamos haciendo las típicas cosas de turistas; ir a ver monumentos, comer en restaurantes locales, hacernos fotos con estatuas... y en una de nuestras visitas entramos a ver las catacumbas de la vieja ciudad. Allí donde quiera que hubiera morbosidad estábamos o sinó la añadíamos nosotros.

Esas catacumbas eran un lugar bastante grande por el cual podrías perderte fácilmente. No había casi luz por casi ningún sitio, había un recorrido corto que estaba iluminado por unas pequeñas lucecitas en el suelo, pero la mayoría de gente, incluidos nosotros, teníamos dificultades para ver bien las tumbas (agujeros excavados en piedra) si no nos acercábamos del todo. Además de las partes iluminadas más hacia el fondo habían muchísimos más monumentos funerarios, era como una ciudad bajo tierra.

A pesar de ser un verano bochornoso ahí abajo el aire era fresco, ideal para conservar los cuerpos de antaño y el lugar tenía todo un entramado de callejuelas por donde perderse... Emoción, intriga, dolor de barriga... Nosotros seguíamos caminando entre las piedras acercándonos más y más a la oscuridad intentando encontrar algo que nos sorprendiera y que solo nosotros pudiéramos ver. Vimos una tumba compartida, seguramente fuera de un matrimonio, esposo y esposa juntos en la muerte eterna...

En aquella penumbra, silencio sepulcral y poca concurrencia a mi "esposo" le entró el calentón tonto. Yo en aquel momento no estaba muy convencida, seguía habiendo gente por los alrededores, el país era muy católico y a saber cómo serían allí las cárceles... Pero él, erre que erre empeñado en que quería meter su cabeza entre mis muslos a toda costa. Así que me dejé hacer ¿quién era yo para negarle semejante placer al paladar?

Ansioso, me retiró a uno de esos recovecos en los que no se veía un carajo, me sentó en una de las tumbas de la pared, mis nalgas sintieron la humedad de la piedra caliza y sentí frío. Él se puso de rodillas ante mí y separándome las piernas a ambos lados empezó a hacerme sexo oral...
Mientras oíamos los susurros de la gente en la oscuridad yo le decía -”no....aquí no.” tan lastimosamente y tan poco convincente que él agarró uno de mis pechos con la mano como ademán para que me calmara (y me callara, dicho sea de paso)  a la vez que con su boca abarcaba todo mi sexo y se habría paso con la lengua por todos mis agujeros... -“ no... para..”- le rogaba- “nos van a ver...” a él no le importaba lo más mínimo y yo seguía ahogando los gemidos con el culo congelado...

De repente un cuchicheo de voces sonaban cada vez más y más cerca. Hice presión con los muslos para que apartara la cabeza (esto siempre funciona)  "Están por aquí cerca”- susurré. Me recompuse como pude, cerré las piernas del todo y justo en ese momento una linterna nos cegó momentáneamente. Nos habían visto y probablemente escuchado. Nadie se acercó y la luz siguió alumbrando por otros lados como si buscaran algo, pero en los alrededores habían más personas. Más turistas.  No volvimos a retomar nada porque a ambos se nos cortó el rollo seguimos explorando un poco más las ruinas y a la que quisimos salir fuera... ¡¡Habían cerrado la puerta!! Resulta que nos habíamos pasado de hora de la visita y ni se molestaron en comprobar si quedaba gente dentro. Asomados desde la verja principal tuvimos la suerte de ver a un señor que pasaba por la puerta y pudimos llamarle y decirle que buscara ayuda. Vino el guardia de turno, el cual nos sacó mirándonos con cara de... “ya están estos turistas liándola otra vez.” y volvimos para casa ya bien entrada la tarde. Cuanto menos fue curioso.


martes, 3 de febrero de 2015

Amor, te odio.

Tú, que me dijiste "te quiero" nada más conocerme.
Yo, que me reí y empecé a quererte.

Tú, loco de remate,
Yo, loca de amarte.

Tú, abriendo mi cerebro para jugar con él como un niño de cinco años;
con dulzura, con amor,
con curiosidad, sin piedad.

Yo, que siempre quería dejarte inventé juegos extraños;
de dudas, de dolor,
de mentiras, de huídas.

Tu y yo, que nos separamos
que nos odiamos,
que nos quisimos tanto,
que lloramos,
que nos vemos ahora
 y nos alteramos.


domingo, 18 de enero de 2015

El chulo-playas


 Me acordé de esta historia después de leer este artículo.

Yo doy fe, muchos tíos creen que por ser atractivos y fashions son lo más en la cama cuando en realidad no tienen ni puta idea de como complacer a una mujer, otros simplemente porque no han tenido sexo real ni oportunidad de probralo y se han creído todas las cosas que se ven en las películas porno; creen que follar es correrse en la cara de una pava y ya. Ambos se han atiborrado de escenas de sexo programado y piensan que tener sexo es eso; ponerse a marcar biceps con las pelotas rasuradas mientras meten la polla por un agujero (cualquiera vale) intentando enseñar a cámara la penetración, diciéndote guarradas manidas que has oído mil veces pero sin expresión alguna. Todo muy frío, todo muy estudiado. Todo muy deprisa, todo muy aburrido. Si no teneis un mando de la tele a mano para distraeros por lo menos os recomiendo que si os encontrais en similar situación amigas mías, siempre podeis salir del paso preguntando;  "¿Cuál es mi cámara por favor?"

Sábado normal y corriente como otro cualquiera por la noche; las tantas de la noche ya en las horas de irse para casa. Servidora había salido ya de los bares (con algunas copas de más y alguna compañía de menos) y me dirigía a mi casa cuando me paré un segundo en un banco a descansar los pies de los tacones. En eso que así, oteando la gente pasar por que sí, crucé la mirada con un tipo musculoso que estaba por la misma zona de fiesta. Le sonreí y él interpretó ese gesto como una invitación a acercarse a hablar. Ya le hemos liado. El hombre en cuestión llevaba unos zapatos de vestir acabados en punta cuadrada (de esos horribles que se llevaban hace unos años), unos pantalones ceñidos de un color llamativo y una camisa también ceñida en la cual marcaba todo el pectoral. Se le veía mucho mayor que yo, aunque era aún atractivo, fuertote de cara recia, era el sueño de cualquier choni de gimnasio, pero para nada mi rollo a mi los cachas me  arrugan el chirri. Se veía a la legua que era italiano por su aspecto, llevaba ese rollo pijo-latino-seductor con mini cresta incluida , que si no recuerdo mal también se llevaba por aquellos años. Lo que me desconcertó mucho fue cuando se me puso ha hablar con un inglés perfecto y acento british. Vaya mezcla más rara.

La verdad fue majo conmigo el "don juan", para nada brasas y mientras me pensaba si irme a follar con él o no (porque por aquel entonces me follaba a todo bicho viviente que me pareciera apetecible) llegó a donde estábamos nosotros un negro a hablarme y darme la chapa. Supongo que el tipo creyó que el italiano me estaba acosando y vino en plan "salvador" pero en realidad el que me estaba molestando era él que iba borracho como una cuba y no entendía nada del inglés que balbuceaba. Entonces me levanté del banco para dejarlos ahí a ambos con sus diferencias... cuando el italiano (muy listo y rápido por su parte, como buen latin lover que se precie) le dijo al pesado negraco con todo su morro que yo era su novia y que nos dejara en paz. Acto seguido me dio un morreo.
El tipo confundido se fue por donde había venido y mientras el italaiano y yo nos besábamos. Y debió ponerme cachonda con ese gesto caballeresco de chuzalo de playa que decidí irme con él a su casa a pegar un polvo. Después de todo, la noche no estaba perdida ¿no?.
Nada más entrar en su habitación se quitó toda la ropa a la correprisa, estaba bien bronceado, tenia un cuerpo fitness muy bien definido y ya traía la polla tiesa de dos calles atrás. La cual no era nada del otro mundo, de hecho hubiera hasta dicho que era poco en comparación al resto de su cuerpo (¿será verdad eso que dicen de las esteriodes?) yo me desnudé a mi misma (apunto que prefiero que me desnuden) fui a saludar a su polla erguida con la boca pero me hizo un gesto de que me moviera donde él estaba quería meterla en caliente a toda prisa o lucir cuerpo haciendo posturitas no lo sé. Se tumbó en medio de la cama con las piernas abiertas, estaba ridículamente depilado como un bebé y ni aun así su polla parecía más grande. Me encaramó a él y lo monté, pero el ritmo era pésimo y ni me besaba. No llevaba ni medio minuto cuando me cambió de postura, ahora él estaba encima haciendo como.. ¿abdominales? Luego me volvió a mover, me decía cosas como "que buena estas" "Que tetas tienes" y "bla bla bla" nada original. Cambiaba de postura otra vez. "¿Qué hace?- pensaba yo- así no había quien se concentrara. Parecía que estuviera buscando un buen ángulo para una película porno. No conseguía ponerme cachonda, aquello me parecía ridículo, me penetraba como "desde lejos" más interesado en mirarse el pito o en como quedaba mi culo que en el placer en sí. No acariciaba, no tocaba, no lamía... el único punto de contacto conmigo era su polla en mi coño (y esta casi ni la sentía) no había contacto con el resto del cuerpo estaba yo a cuatro patas y el como a medio metro metiéndomela. Era como si estuviera yo sola con un vibrador con patas. Para más inri emitía gruñidos como si se filmara en HD. Era antimorbo. Dejé que acabara por cortesía (y porque no tardó mucho) que empezaba a fatigarse. Me vestí como un rayo, le sonreí falsamente y le dije que me tenia que ir. Se ofreció a llevarme en su coche y de camino a mi casa me pidió el teléfono (¡no por dios, ni hablar!, pensé) así que le mentí con la primera excusa que se me ocurrió; que tenía novio y que no se podía enterar de esto (mentira grande y gorda) y que solo había sido un polvo sin importancia, que no podía darle mi teléfono. Si, eso era verdad, había sido un polvo sin importancia, un mal polvo.



domingo, 14 de diciembre de 2014

El Rumano Rapero


Nombre: El Rumano Rapero

Personalidad: Salido perseguidor de chochetes.

Aspecto físico general: Rapero raro

Tamaño y forma del miembro: Ni lo vi.
¿Se lo recomendaría a una amiga?: Claro bro, para un polvo se emergencia va bien.

Valoración final: Sobre un sex, bro!



El Rumano rapero era un asiduo a los bares de copas que yo frecuentaba, nos conocíamos de habernos visto en casi todas las fiestas, era el típico tío que le tira cacho a todas las pavas y misteriosamente siempre acaba con alguna. Era un chaval normal de pelo corto moreno, con los ojos azul claro, muy zalamero con las tías y simpaticón que siempre andaba buscando un chochete, de cuerpo era bajito y con pintas de rapero que hacían que pareciera más gordo de lo que en realidad estaba porque usaba dos tallas más de ropa y complementos muy extravagantes. Yo siempre la vacilaba un montón; solía ponerse gorras enormes de colores imposibles, recuerdo una vez que llevaba una plateada con la visera enorme; "¿Esa gorra que es, para llamar a la nave nodriza?" ¿Es así como te comunicas con tu planeta?" - le dije.  Él se lo tomaba guay y yo me hachaba unas risas, siempre que nos cruzábamos íbamos ambos borrachos como una cuba o drogados. Esa noche además la que iba salida era yo. Había acabado la noche y ya en la puerta de la disco de turno, donde se rifan los últimos plovos, El Rumano y yo nos habíamos quedado para los restos. Ninguno de los dos habíamos pillado cacho en toda la noche. Con el calentón que tenía me daba igual si follarmelo a él o a cualquier otro, ya ni veía bien solo podía pensar con el coño, así que lo enganché por banda y nos fuimos a follar a mi casa.


Cuando llegué mi compañera de cuarto, una chica italiana que además trabajaba conmigo y era mi "mano derecha" en fiestas y ligoteos (he aquí otra historia donde sale ella) se me había adelantado. Así que a la que le tocó esta vez irse a follar al baño fue a mi.
El Rumano y yo teníamos tantas ganas de desfogarnos que nos saltamos todos los preliminares y el sexo oral para que me pusiera a cuatro patas en el suelo y empezara a metermela por el agujero. Me daba bien duro como si no hubiera un mañana follándome el coño empunjando más y más fuerte, traca, traca, traca, traca... mientras yo chorreaba de gusto y le ponía la polla bien mojada chof! chof! chof!... Estábamos muy muy salidos y muy muy borrachos. Nos desquitamos un buen rato en el baño como un par de perros en celo, follando hasta sudar alcohol. Luego a la salida y antes de que se fuera por la puerta yo seguía desquiciada por un poco más de polla así que empecé a meterle mano y morreare sin piedad de nuevo.. él  me empotró contra la mesa de la cocina, me puso allí subida con las piernas abiertas y me la volvió a meter dura como una pierda para volver a follar de nuevo desesperadamente, como si un reactor nuclear fuera e explotar en cualquier instante y éramos nosotros los que teníamos que darle la cuerda para que estallara. Era un mete-saca mete-saca vicioso y chorreante, la mesa estaba medio coja y se oían los goles; ¡pum, pum, pum, pum, pum,! contra la pared. La matraca que nos dimos en la cocina fue épica, a la mañana siguiente todos mis compañeros de piso (que no eran pocos) me odiaban porque no les había dejado dormir por los golpes que hacía la mesa contra la pared y los gemidos de cuando follaba. ¡Joder con Rumania!



lunes, 8 de diciembre de 2014

El bombón de Chocolate

"Los jabones de cacao me traen gratos recuerdos"


      Había sido un año muy ajetreado entre idas y venidas. Por sexta vez me cambiaba de casa pero por fin aterricé en el mejor piso que encontré (lo bueno siempre al final) bueno-bonito-barato y solo éramos dos compañeros, yo y un chico negro que conocía de vista y de ser amigo de una amiga. Resultó ser un encanto de hombre, amable, comunicativo, sin pelos en la lengua congeniamos muy bien. Todo era muy normal y cordial, yo hacía mi vida él hacía la suya. Por aquella época me encontraba en una "pausa amatoria" estaba hasta la pepitilla de folleteos rápidos y poco  complacientes, quería sexo bueno y real, quería encontrar una buena pareja sexual. Aquel bombón que pululaba por mi casa era todo erotismo, sus palabras, sus gestos, a mi me empezaba a picar la curiosidad y otra cosa. Poco a poco los encuentros en la casa fueron teniendo más y más morbo para mi calenturienta mente. Le seguía con la mirada el culo imaginando a través del pantalón del pijama como se vería sin ropa. A pesar de que siempre estábamos de broma y con indirectas, yo no sabía si realmente tenía alguna oportunidad con él o solo es que todo iba de coña (también era un marrón si me daba calabazas ya que vivíamos juntos, imaginad el panorama) Pero un día no pude más, quería saber si podía pegarle un mordisquito a este trozo de chocolate, así que me armé de valor y...que decir que acabamos desnudos en el comedor junto al fuego de la chimenea.



Entonces despejé mis dudas de que había dado con un cuepazo increíble además de un amante fabuloso y un pervertido en potencia (¡chicas pedir que el universo os lo concederá!)  A pesar ya de tener sus añitos cumplidos (él era unos seis años mayor que yo) cuando desenvoví aquel bombón... ¡flipé en blanco y negro! Él estaba todo marcado, ni un gramo de grasa, era todo fibra, pura genética un trozo de chocolate que iba a ser torneado y dado forma por mi lengua y mi boca, ¡¡iba a comerle hasta el toblerone!! Tenía la piel suave como la de un bebé, el culo prieto de esos que me vuelven loca y lo mejor de todo olía tan y tan bien... como una pastilla de jabón de cacao. Era todo un placer para los sentidos.

Besé esos labios carnosos que parecían dos cerezas maduras acariándole la cabeza mientras mis dedos tocaban pequeños caracoles... daba gusto solo pasarle la mano por el pelo... luego su piel... su tacto era como la seda, yo bajaba por su pecho con mis manos y a cada palmo apreciaba mi mano blanca sobre aquella carne oscura y me ensimismaba con el contraste de nuestras pieles, quería mezclarla conmigo aún más quería que se metiera dentro. Lamí sus pezones dulcemente mientras él ahogaba un susurro de placer, quería comermelo despacio, sin prisas, al calor del fuego, como cuando tienes el último trozo de chocolate en la boca y quieres que dure para siempre... él también me acariciaba toda, no dejaba parte de mi cuerpo sin tocar, mientras me mordisqueaba el cuello, estábamos desnudos alli el uno ante el otro, solo sintiendo nuestro tacto y pensé que estar desnuda junto a un cuerpo como aquel era como me gustaría estar el resto de mi vida. 



Empezó a besarme toda, los pechos, el abdomen, el culo, las piernas.. y bajó hasta mi entrepierna para meter sus labios y sus rizos en ella. Su lengua era fuego y agua a la vez, con sus morros abarcaba todo mi sexo, lo chupeteaba y comía como pocos ¡era un profesional del cunilinguis! Después de hacerme sentir gozar yo también quería hacerle disfrutar a él,  me metí en la boca aquella polla rica como el regaliz, ¡puro habano! resbalaba sola en mi garganta y mi boca, salía y entraba, salía y entraba... estábamos encajados el uno con el sexo del otro, comiéndonos mutuamente... disfrutando del manjar ambos a la vez.
Luego él se puso frente mía de rodillas me levantó las piernas, se las colocó a los hombros y empezó a penetrarme suavecito sin prisas, gustosamente para adentro... metiéndome primero la punta, luego el tronco entero...uhmmm ¡se sentía tan bien! Empezó a lamerme los dedos de los pies y se metió en la boca el pulgar... ¡¡oooooohhh diossss!! yo me derretía del gusto ¡Lamiéndome los dedos de los pies era como si me lamiera el mismísimo clítoris! mi coño ardía por todos los lados, toda yo era una vagina palpitante, Había olvidado lo mucho que me gustaba que me hicieran eso. Era un pervertido con todas las de la ley y yo había tenido la suerte de encontarlo. Nos pasamos toda la tarde en el salón follando junto al calor del fuego, aquello era un sauna y sudábamos como cerdos, cada vez que me follaba más y más rápido me corría una y otra vez, me ponia de todas las posiciones, me follaba y me lamía, me agarraba las tetas y me penetraba más y más. Así durante varias semanas, después caíamos rendidos sobre el suelo del comedor, agotados, chorreantes, con la dopamina por los aires. ¡Luego dicen que el cacao engorda!


Nombre: Bombón de chocolate



Personalidad: Amable. Pervertido.

Aspecto físico general: "With brown cocoa skin and curly black hair"

Tamaño y forma del miembro: Moreno, proporcionado, ni muy grande ni muy pequeño, muy limpio y suave.

¿Como era en la cama?: Morboso, entregado.

¿Se lo recomendaría a una amiga?: Claro, el sexo  interracial es una de las experiencias más sensuales.


jueves, 4 de diciembre de 2014

Mi primer pene

"Desnudo y con unos zuecos sanitarios"

A la tierna edad de doce añitos recuerdo que vi mi primera polla de casualidad. Estaba en casa de mi mejor amiga durmiendo como muchos otros fines de semana en los que nos quedábamos una en casa de la otra a pasar las vacaciones. Ella vivía en una casa antigua de un barrio costero, era una casa muy grande con un encanto pasado, pero para ir al cuarto de baño había que cruzarse el comedor y la cocina porque quedaba a la entrada del patio interior, ¡maldito el frío que se pasaba en invierno! 

La familia de mi mejor amiga era la típica familia desestructurada; eran cuatro hermanos, el mayor pasaba de todo, la hija mayor estaba enferma y le gustaba mucho la fiesta, la mediana era mala estudiante y una rebelde también y la pequeña era la niña no deseada después de una operación de ligamiento de trompas que no salió bien por lo visto. A pesar de ser la más pequeña y al parecer la más modosita mi amiga no tenía un pelo de tonta y en cuanto tuvo la oportunidad se largó de esa casa. 
Pero por aquella época nosotras estábamos a lo nuestro que era jugar. Fue por aquel entonces cuando reapareció el padre de mi amiga (y de toda la family) que después de estar separados muchos años por problemas de covivencia venía a pedir perdón y asilo a su primera esposa. Me recordaba al típico canalla español, con gafas a lo John Lenon, barba de hippie, tabaco de ligar, había tenido un hijo con otra y había sido camionero en sus tiempos mozos. Se decía de él que era un prenda de mucho cuidado. Con las mayores fumaba porros y a nosotras nos venía con cosas como "Tenéis que dejar de jugar con muñecas y empezar a jugar con muñecos".

Aquella casa era el despiporre total, la anarquía en el núcleo familiar; la madre no sabía imponerse y el padre venía después de tanto tiempo a querer arreglar las cosas y si a eso le sumas dos adolescentes  hormonadas y rebeldes y una niña pasmosa que jugaba sola cuando no tenía a su amiga del alma... pues cuanto menos era entretenido. 

Esa mañana en la que me levanté con unas ganas de orinar terribles me tuve que recorrer media casa para llegar al baño, y llendo por el pasillo oí a alguien trasteando en la cocina e instintivamente me giré. A allí estaba él. El padre barbudo de mi amiga desnudo con unos zuecos de esos de agujeros que llevan las enfermeras y el pijo colgando, preparándose un sándwich. Yo me quedé con cara de (O_O) "¿qué coño pasa aquí? ¿Qué acabo de ver?"- pensé una vez pude posar mi culo en la taza del wáter. Y volví al cuarto sin mirar a la cocina.


Resulta que el señor y la señora de la casa acababan de hechar un polvo y a él le dio hambre y se fue a hacerse un emparedado a la cocina medio en pelotas. (digo medio porque llevaba zapatos) A mi tal exhibicionismo ibérico me chocó, recuerdo que pensé en mi santa inocencia "que feos son los hombres desnudos" "y lo que les cuelga aún es más feo" claro que yo lo había visto de lejos, pero sabía exactamente que era. 
Al despertarnos esa mañana a la hora del desayuno ambos hicimos como si nada. (¿Porqué desayunaría de nuevo si ya había comido antes?)

Y recuerdo también que otro día que yo entraba al baño con la corre-prisa de nuevo, lo pillé cagando leyendo el periódico mientras una de las hijas se maquillaba en el espejo. Definitivamente solo un baño para una familia tan grande era poco.